Las Constelaciones Familiares son una metodología de intervención desarrollada por Bert Hellinger, basada en la teoría de los sistemas. Desde esta mirada, la familia se entiende como un sistema interconectado en el que cada miembro ocupa un lugar y cumple una función, y donde lo que sucede a uno repercute en el conjunto.
En todo sistema existen principios de orden que permiten el equilibrio y la estabilidad. Cuando estos principios se vulneran —por exclusiones, inversiones de roles o conflictos no resueltos— se generan desórdenes sistémicos que pueden manifestarse a lo largo del tiempo, incluso en generaciones posteriores.
Desde el enfoque sistémico, cualquier desorden genera inestabilidad y desequilibrio en el sistema completo. Las constelaciones buscan hacer visibles estas dinámicas ocultas y facilitar un reordenamiento a través de la toma de conciencia, determinados movimientos dentro del sistema y el uso de frases sanadoras, entendidas como recursos simbólicos de integración.
Los cinco órdenes del sistema familiar
En la práctica sistémica se describen cinco principios fundamentales que rigen el equilibrio de los sistemas familiares:
1. Pertenencia
Todos los miembros del sistema tienen derecho a pertenecer: vivos, muertos, excluidos u olvidados. Cuando alguien es negado o excluido, el sistema tiende a compensarlo.
2. Jerarquía o antigüedad
Los que llegaron antes tienen prioridad sobre los que llegaron después.
Padres antes que hijos.
Hermanos según su orden de llegada.
3. Equilibrio entre dar y recibir
En la pareja debe existir cierto equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe.
En la relación padres-hijos, los padres dan y los hijos toman. La inversión de este orden genera desajustes.
4. Lugar
Cada miembro ocupa una posición única e irreemplazable dentro del sistema. Cuando alguien ocupa el lugar de otro, se produce confusión y desequilibrio.
5. Compensación o intrincación
Los conflictos no resueltos del sistema pueden ser “compensados” inconscientemente por descendientes, que repiten destinos, síntomas o sacrificios ajenos.
Desórdenes del sistema: externos e internos
Desde esta perspectiva de las constelaciones familiares, se distinguen desórdenes externos (en el sistema familiar) y desórdenes internos (en la vivencia psicológica de la persona).
Los desórdenes externos tienden a interiorizarse, convirtiéndose en conflictos emocionales o síntomas.
1. Desorden de pertenencia
Externos: exclusiones, abortos no nombrados, hijos muertos no reconocidos, secretos familiares, miembros ocultados o negados.
Internos: sensación de no pertenecer, vergüenza sin causa aparente, culpa inexplicable, autoexclusión.
2. Desorden de jerarquía
Externos: hijos que cuidan a padres, niños que ocupan el lugar de una pareja, hijos de reemplazo.
Internos: sobrecarga emocional, autoexigencia extrema, dificultad para poner límites.
3. Desorden de dar y recibir
Externos: relaciones desequilibradas, sacrificio crónico, padres que toman emocionalmente de los hijos.
Internos: dificultad para recibir, tendencia a dar de más, dependencia o culpa al pedir.
4. Desorden de lugar
Externos: confusión de roles, sustitución de miembros ausentes o fallecidos.
Internos: confusión de identidad, sensación persistente de estar “fuera de lugar”, dificultad para vivir la propia vida.
5. Desorden de compensación
Externos: descendientes que cargan duelos, culpas o destinos no resueltos del linaje.
Internos: autoboicot, sacrificio constante, culpa que no encaja, fracasos repetidos o estados depresivos sin causa clara.
Una mirada complementaria
Las constelaciones familiares no buscan culpables ni explicaciones racionales, sino comprender las dinámicas que operan de forma inconsciente en los sistemas humanos. Desde un enfoque psicológico, esta comprensión puede servir como marco teórico para entender ciertos patrones relacionales y transgeneracionales, que luego pueden ser trabajados e integrados mediante otros abordajes terapéuticos.