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terapia polivagal

Muchas personas que experimentan ansiedad, estrés o bloqueos emocionales han probado enfoques centrados en el pensamiento: analizar lo que ocurre, entender el origen del problema o intentar cambiar creencias. Aunque esto puede ayudar, en muchos casos no es suficiente.

Esto ocurre porque gran parte de nuestras respuestas emocionales no se originan en el pensamiento consciente, sino en el sistema nervioso y el cuerpo. Aquí es donde entra en juego la terapia polivagal, un enfoque que pone el foco en la sensación de seguridad interna.

La terapia polivagal parte de una idea clave: no podemos calmarnos solo pensando si nuestro sistema nervioso percibe peligro. Primero necesitamos que el cuerpo recupere una sensación de seguridad.

Comprender cómo funciona este enfoque permite abordar la ansiedad y el malestar emocional desde una perspectiva más profunda y práctica.

Qué es la teoría polivagal

La teoría polivagal es un modelo desarrollado por Stephen Porges que explica cómo el sistema nervioso regula nuestras respuestas ante el entorno.

Según esta teoría, el sistema nervioso no solo activa respuestas de lucha o huida, sino que también cuenta con un sistema más complejo que evalúa constantemente si estamos en seguridad, peligro o amenaza extrema.

Esta evaluación ocurre de forma automática y no consciente, a través de un proceso llamado neurocepción.

En función de esta percepción interna, el cuerpo activa diferentes estados fisiológicos que influyen en cómo nos sentimos, pensamos y actuamos.

La terapia polivagal se basa en este modelo para trabajar directamente sobre el sistema nervioso en lugar de centrarse únicamente en el pensamiento.

Los tres estados del sistema nervioso

Uno de los elementos centrales de la teoría polivagal es la identificación de tres estados principales del sistema nervioso.

El primero es el estado de seguridad y conexión, donde la persona se siente tranquila, presente y capaz de relacionarse con los demás. En este estado, el cuerpo funciona de forma equilibrada.

El segundo es el estado de activación o alerta, asociado a la respuesta de lucha o huida. Aquí aparecen sensaciones como ansiedad, tensión, irritabilidad o urgencia.

El tercero es el estado de inmovilización o colapso, donde el sistema nervioso responde a una amenaza intensa desconectando. Puede manifestarse como apatía, bloqueo emocional o sensación de vacío.

La terapia polivagal ayuda a identificar estos estados y a aprender a regular el paso de uno a otro, especialmente hacia el estado de seguridad.

Qué es la terapia polivagal

La terapia polivagal es un enfoque terapéutico que utiliza los principios de esta teoría para ayudar a las personas a regular su sistema nervioso y recuperar una sensación de seguridad interna.

A diferencia de enfoques centrados solo en el pensamiento, este tipo de terapia trabaja con el cuerpo, las sensaciones y la experiencia interna.

El objetivo no es eliminar las emociones difíciles, sino crear las condiciones fisiológicas necesarias para poder gestionarlas.

Cuando el sistema nervioso se siente seguro, es más fácil pensar con claridad, conectar con otras personas y afrontar situaciones complejas.

Por qué la seguridad es clave en el proceso terapéutico

Uno de los conceptos más importantes en la terapia polivagal es la sensación de seguridad.

El sistema nervioso necesita percibir que no hay peligro para poder salir de estados de defensa como la ansiedad o el bloqueo.

Si el cuerpo sigue interpretando el entorno como amenazante, cualquier intento de relajación o cambio cognitivo tendrá un efecto limitado.

Por eso, la terapia se centra en ayudar a la persona a experimentar señales de seguridad a nivel corporal.

Estas señales pueden provenir de la respiración, el entorno, la relación terapéutica o determinadas prácticas físicas.

Cómo se trabaja desde el cuerpo

La terapia polivagal utiliza diferentes recursos para trabajar directamente con el cuerpo y el sistema nervioso.

Uno de los más habituales es la conciencia corporal, que consiste en observar sensaciones físicas sin juzgarlas.

También se utilizan técnicas de respiración reguladora, que ayudan a activar estados de calma en el organismo.

El movimiento suave, la postura y la orientación en el espacio también forman parte del proceso.

Estos elementos permiten que el cuerpo reciba señales de seguridad que facilitan la regulación emocional.

La importancia de la relación terapéutica

En este enfoque, la relación con el terapeuta tiene un papel fundamental.

El sistema nervioso humano responde de forma muy directa a las señales sociales de seguridad, como el tono de voz, la mirada o la expresión facial.

Una relación terapéutica basada en la calma, la presencia y la conexión puede ayudar al sistema nervioso a salir de estados de defensa.

Este proceso se conoce como co-regulación, y es uno de los pilares de la terapia polivagal.

Aplicaciones en ansiedad y trauma

La terapia polivagal se utiliza con frecuencia en procesos relacionados con ansiedad, estrés crónico y trauma.

Muchas de estas experiencias implican una activación constante del sistema nervioso, que dificulta la relajación y el bienestar.

En lugar de intentar eliminar directamente los síntomas, este enfoque trabaja sobre la base fisiológica que los genera.

Al mejorar la regulación del sistema nervioso, las personas pueden experimentar mayor estabilidad emocional y capacidad de respuesta.

Diferencias con otros enfoques terapéuticos

A diferencia de terapias más centradas en el pensamiento, la terapia polivagal pone el foco en la experiencia corporal y el estado del sistema nervioso.

Esto no significa que el pensamiento no sea importante, sino que se aborda en un momento en el que el cuerpo ya se encuentra en un estado más regulado.

Cuando el sistema nervioso está en calma, es más fácil reflexionar, tomar decisiones y procesar experiencias emocionales.

Este enfoque complementa otras formas de terapia, integrando cuerpo y mente en el proceso.

Señales de un sistema nervioso más regulado

A medida que una persona trabaja con este enfoque, pueden aparecer cambios que indican una mayor regulación del sistema nervioso.

Entre ellos se encuentran mayor sensación de calma, mejor capacidad para gestionar el estrés y mayor conexión con el entorno y con otras personas.

También es común notar una reducción en la intensidad de las respuestas automáticas de ansiedad o bloqueo.

Estos cambios suelen producirse de forma gradual, a medida que el cuerpo aprende a salir de los estados de defensa con mayor facilidad.

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